domingo, 31 de octubre de 2010

Tobosos


El grupo indígena toboso fue una de tantas tribus ya desaparecidas de Aridoamérica, al norte de la actual República Mexicana. Eran nómadas, bandoleros, devoradores de ganado y antropófagos. Habitaban entre el norte de México y sur de Estados Unidos, al este del estado de Chihuahua y oeste de Coahuila, por el Bolsón de Mapimí, la cuenca endorreica localizada en el centro-norte de la Altiplanicie Mexicana.

La mayoría de las tribus de la época prehispánica que habitaron el norte de México tenían procedencia del otro lado de la actual frontera con Estados Unidos y, especialmente, los del norte del estado de Chihuahua, salvo alguna excepción, estaban identificados étnicamente con la llamada familia sonoerense-ópata-pima.

Entre esas tribus sobresalían los apaches, comanches, tarahumaras, tobosos, pimas, guarijíos, tepehuanes, ópatas, conchos, julimes, tapacolmes, tubaris, guazapares, chinipas y algunos más. De todos ellos, los que tenían fama de ser los más belicosos eran apaches, comanches, tarahumaras y tobosos, quienes se opusieron a los conquistadores españoles en defensa de la ocupación de sus territorios

El camino a Durango, hacia el sur de Santa Bárbara, era territorio de la frontera de los tarahumara con los otros grupos que habitaban lo que más adelante comenzó a llamarse como Bolsón de Mapimí, entre ellos los salineros y los tobosos. Estas tribus eran especialmente cazadores y recolectores, conejos, ratas, venados y búfalos eran sus piezas preferidas y, en cuanto a los frutos recolectados, nopal, maguey y mezquite especialmente. Su forma de vida semi-nómada los concentraba en pequeños grupos de unos cincuenta miembros. Cada banda era gobernada por un líder que se elegía normalmente entre los mejores guerreros, aunque también tomaban el cargo de forma hereditaria por vía paterna.

La agricultura que practicaban era pobre, a la vez que de escasa información y contradictoria para nosotros. Mientras unas fuentes mencionan la práctica de la agricultura maicera, otros los reducen a simples cazadores-recolectores. Lo que sí parece cierto es que nada tenía que ver su agricultura con la de otros grupos vecinos, como los tarahumaras o los tepehuanes, mucho más avanzada. Sus viviendas eran simples jacales y enramadas cubiertas con pieles de venado y zacate.

Al igual que en otras regiones del continente, la conquista, colonización y evangelización se dio con dos armas, con la espada y la cruz, con la violencia y la religión, y aunque en principio pareciera que ninguna de ellas es comparable a la otra, las dos fueron iguales de crueles y hasta me atrevería a decir que más daño supuso para las culturas indígenas la que empuñaban los misioneros, verdaderos artífices de la aniquilación de la cultura de los pueblos americanos.

No fue fácil, no encontraron una respuesta positiva a la iniciativa por parte de los conquistadores de arrebatarles sus territorios ancestrales a los nativos. Las rebeliones fueron las primeras respuestas por parte de los indios ante la ocupación de sus espacios físicos, sociales y culturales, y como expresión ante la falta de libertades y la inhumana explotación a la que eran sometidos en los Reales de Minas, contra los comerciantes y contra el afán de castigo y exterminio de los españoles.

En la región ocupada por los tobosos y en otras vecinas, las revueltas se dieron a lo largo de todo el siglo XVII y parte del XVIII, en las que estuvieron involucradas muchas etnias. Durante 1616 y 1619 fueron los tepehuanes los que se sublevaron. En 1632 fueron los guazaparis y Uarojíos. 12 años más tarde se produjo la llamada rebelión de las siete naciones. Le siguieron los conchos en 1645. Los cocoyomes, ocomes, gavilanes, cabezas y tobosos se levantan en armas entre 1652 y 1660. Entre 1680 y 1698 entran en escena los apaches con sus primeras incursiones. Janos, yumas y chinarras hacen lo propio en 1690. Los tobosos vuelven a revelarse en 1677. Y así continúan, de 1684 a 1690, en 1694, y de 1696 a 1698, produciéndose un alzamiento tras otro. En 1720 de nuevo vuelven a la violencia los tobosos, mientras los apaches mantenían sus incursiones en una amplia franja del estado, desde 1748 a 1896.

sábado, 30 de octubre de 2010

Tlaxcaltecas


Tlaxcaltecas es el gentilicio que reciben los habitantes del estado mexicano de Tlaxcala. El tlaxcalteca fue uno de los pocos pueblos a los que el imperio azteca no pudo someter, convirtiéndose a la llegada de los conquistadores españoles en sus principales aliados por diversas regiones de Mesoamérica y Aridoamérica.

Los datos más antiguos que se tienen sobre la existencia de pobladores en Tlaxcala se estiman con fecha de hace unos 12.000 años. Al menos esto confirmaron los investigadores de Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuando en 1957 encontraron una punta de flecha bifacial tipo "clovis", en las laderas del Cerro Coaxapo, junto al poblado de San Juan Chaucingo del municipio de Tetla.

Sin embargo, si pusiéramos una fecha inicio que la identificara con el comienzo de su historia ésta sería 1290, por ser el año en el que se estructuran como federación, eligen a su líder supremo y emprenden las campañas en unión y de común acuerdo. Que los mexicas no consiguieran nunca doblegarlos supuso para los tlaxcaltecas un hándicap, por un lado mantuvieron su independencia y libertad, en cambio, también les privó de poder comerciar con libertad con los pueblos que le rodeaban, por ser estos vasallos de los aztecas. De todas maneras, su autonomía y el florecimiento de las artes y su propia cultura se llevó a cabo gracias a los acuerdos y tratados políticos con el imperio dominante de la región.

La etnohistoria de este grupo tiene sus orígenes en el valle poblano-tlaxcalteca, alrededor del 1.800 a. C. Eran pequeños grupos de agricultores que vivían de la caza, de la recolección de frutos silvestres y de sus cultivos, trabajados de forma familiar, de maíz, frijoles, chile y calabaza. La relación con otros grupos del valle de Tehuacán y el golfo de México fue fluida y con ellos fueron mezclándose. La población fue multiplicándose y del mismo modo el número de aldeas, hasta convertirse algunas de ellas en villas. Su organización productiva y social se basaba en la cooperación de toda la familia; fabricaban cerámica cocida en hornos, regaban los cultivos mediante canales, construían pequeñas plataformas donde celebraban las ceremonias religiosas y rendían culto a Huehueteotl, dios del fuego. A medida que la población crecía y las villas se iban transformando en pueblos, el número de dioses también fue creciendo y los sacerdotes tomando mayor importancia, hasta empezar a construirse centros ceremoniales y llegar a dominar a la población.

En el periodo teocrático, la civilización mesoamericana alcanzaría su máximo esplendor hasta entonces, entre los años 200 y 700 a. C. En este tiempo comenzaron a planificarse las grandes ciudades, no como hasta ese momento, que la población vivía en pequeñas comunidades agrícolas. Se incrementó el comercio y la actividad agrícola, se realizaron notables progresos en la escritura figurativa, las matemáticas, la astronomía, y la escultura y pintura alcanzó su apogeo. Todo bajo el gobierno de los sacerdotes, quienes se encargaron de impulsar la cultura. La máxima representación de estas ciudades estuvo en Teotihuacan y su caída marcó el fin del periodo. Durante este tiempo, en Tlaxcala, se vivieron dos fases, experimentándose en la primera un auge cultural. La población se fue concentrando en centros urbanos planificados y las aldeas fueron desapareciendo. Pero poco a poco el auge cultural fue perdiendo fuerza debido a que los artesanos y las clases más importantes de la sociedad decidieron marcharse a vivir a Teotihuacan, en busca de la prosperidad que ofrecía la gran ciudad. A partir de entonces, en la segunda fase, la agricultura tomó más protagonismo y la tranquilidad regresó al centro de Tlaxcala.

El origen de los señoríos de Tlaxcala tiene su punto de partida cuando el grupo teochichimeca-tlaxcalteca es obligado a emigrar por otros grupos desde las orillas del lago Texcoco, donde se asentaban desde el año 1290. El grupo era una de las siete tribus salidas de Chicomoztoc hacia el valle de México, donde fundaron Poyauhtlán en 1290, el año 2 pedernal. Entonces, la peregrinación desde Texcoco les llevó a Tlaxcala, se apoderaron de la sierra de Tepeticpac y pasado el tiempo llamaron Tlaxcallan.

En 1348, año 5 pedernal, el grupo teochichimeca guiado por su líder Culhuatecuhtli, se convirtieron en señores poderosos después de expulsar de la región a los últimos olmecas-xicalancas y toltecas, consiguieron la paz con sus vecinos y se dedicaron a poblar aquellas tierras tranquilamente. En este tiempo se fundó el primer señorío de Tepeticpac, con un solo señor como jefe, Culhuatecuhtli, quien cedió a su hermano menor, Teyohualminqui, una parte importante de la provincia de Talxcallan, fundándose así el segundo señorío, después de 1384. El segundo señorío, el de Ocotelulco, fue mayor y más importante que el primero.

El tercero surgió cuando los de Cholula mataron al señor de Ocotelulco y se apoderaron de sus tierras. Muchos de los vencidos huyeron y fundaron Tizatlán, que pasado el tiempo llegaría a competir en grandeza con los otros dos señoríos. Por último, el de Quiahuiztlán, el cuarto, se fundó con otro grupo de chichimecas, atraído al valle de México, en el siglo XIV, por el ofrecimiento de tierras que les prometió Culhuatecuhtli para que se establecieran en Tlaxcallan.

Cada uno de los cuatro señoríos era autónomo, tenía su territorio y gobierno propio, aunque eran aliados y formaban una confederación por medio de sus jefes, que decidían los asuntos comunes en un consejo. A los otomíes se les permitió seguir viviendo en los alrededores, como trabajadores y soldados que cuidaban las fronteras de las incursiones de los poderosos mexicas. Cuando Hernán Cortés llegó en 1519, los tlaxcaltecas se enfrentaron a los conquistadores con Xicotencatl al frente, para más tarde formar alianza y convertirse en los principales aliados de los conquistadores.

Actualmente, los nahuas de Tlaxcala, emparentados con los otomíes, continúan desarrollando su forma de vida y organización con identidad propia, en los pueblos de la falda del volcan la Malintzin, principalmente en las poblaciones de Acxotla del Monte, San Pedro Tlalcuapan, San Pedro Muñoztla, San Felipe Cuauhtenco, San Miguel Xaltipan, Guadalupe Tlachco, San Isidro Buensuceso, San Pablo del Monte, San Cosme Mazatecochco, San Bartolomé Cuahuixmatlac y San Rafael Tepatlaxco.

sábado, 23 de octubre de 2010

Tlatelolcas


Al grupo étnico tlatelolca no se le cataloga normalmente entre los chichimecas, cuyos seis componentes son pames, guamares, zacatecos, guachichiles, tecuexes y caxcanes. Sin embargo, algunas fuentes históricas sí estiman que aquel grupo inconforme que hacia 1337 decidieron trasladarse a un islote al norte de la recién fundada Tenochtitlan procedían de los chichimecas. Otras teorías sitúan su procedencia en la mismísima capital mexica, cuando Huitzilopochtli ordenó a su pueblo que se repartieran sobre los cuatro ámbitos del mundo y, este grupo, al no estar conforme con los terrenos adjudicados, decidieron buscar otro sitio y se asentaron entre el lago y los carrizales. El lugar que escogieron para asentarse se conoce por el nombre de Xaltelolco, que en náhuatl significa "Lugar del montículo redondo de arena", donde fundarían la ciudad de Tlatelolco "Montículo redondo". En esta ciudad existe un glifo donde se puede apreciar un montón de arena sobre el montículo. También se refleja en las Ordenanzas del señor Cuauhtémoc, en cambio, en el Códice de Tlatelolco se ve sólo al gobernante sentado sobre el cerrillo de arena.

Respecto a su fundación podemos encontrar en el Códice de Tlatelolco: "...vinieron a buscar su ciudad de Tlatelolco. Por primera vez obtuvieron tierras vuestros abuelos, allá donde fueron a mirar el lugar de descanso del águila que era su guía, entre las cañas y los tules, donde habían ido ya, donde les había parecido bien. Allá fueron para descubrir en medio de las aguas lo que habrían de comer; por primera vez empezaron a pescar con redes, y atraparon diversas clases de animalillos, como pescados moscos de agua, rana y aves, y éste fue el descubrimiento de los que al principio obtuvieron tierras, de los laguneros cazadores. Allá comenzaron a levantar sus jacales, a construir su ciudad, a tomar posición de su ciudad; y nadie se apropiara de ella, porque será la propiedad y la herencia de sus hijos en el futuro.
Allá se ve el año de 12 calli, que es 1361, cuando vinieron a pescar; y cuando se dividieron en Tenochtitlan para venir a fundar su ciudad de Tlatelolco fue en el año de 4 técpatl, que es 1392.

Al igual que los tenochcas, los tlatelolcas pronto verían la necesidad de ser gobernados por alguno de los poderosos señoríos existentes, y acudieron a la casa real tapaneca para pedir a Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, que nombrara a uno de sus hijos como su gobernante. La solicitud fue atendida y designó a Cuacuauhpitzáhuac, con quien dio comienzo el linaje de los tlatelolcas. A éste le sucedio su hijo Tlacatéotl, más tarde fue Quauhtlatoa y por último Moquíhuix, quien tuvo que enfrentarse a Axayácatl, jefe de los mexicas tenochcas, y perder la guerra contra él.

El desarrollo que lograron los tlatelolcas fue constante, al igual que sus conquistas militares, primero bajo dominio del señor de Azcapotzalco, por cuenta propia, y más tarde en apoyo de la Triple Alianza. Destacaron como buenos guerreros, especialmente bajo el gobierno de Cuacuauhpizáhuac, entre 1376 y 1417. Tanto fue así que, aun siendo tributarios de Tezozómoc de Azcapotzalco, se les permitió cobrar tributo a los pueblos del oriente de la Cuenca de México.

Los tlatelolcas, además de buenos guerreros, también desarrollaron un importante comercio, fue fuerte la impresión que les causó a los conquistadores cuando estos llegaron a la ciudad. Al principio sólo comerciaban con plumas de papagayo, como señala Bernardino de Sahagún: "Cuando los mercaderes comenzaron en Tlatelulco, de México, a tratar, era señor uno que se llamaba Quaquapizauac, y los principales tratantes eran dos. El uno se llamaba Itzcoatzin y el otro Tziutecatzin. La mercadería de éstos, por entonces eran plumas de papagayos...".

Pasado el tiempo el mercado fue cobrando importancia, con productos propios y otros diversos traídos de otras latitudes, convirtiéndose así en el principal sitio de intercambio de todo el México prehispánico. Los importantes relatos que nos dejaron al respecto, Hernán Cortés o Bernal Díaz del Castillo, nos sirven para imaginar la grandiosidad del mercado de Tlatelolco. Su organización en los distintos sectores donde se ofrecían cerámica, mantas, cestería, comida, animales y un sin fin de productos; cómo se resolvían por parte de los jueces las discrepancias surgidas en los intercambios de productos o la cantidad enorme de personas que acudían al mercado. Díaz del Castillo dejó escrito: "...quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en ello tenían".

Cuando llegaron los conquistadores a Tenochtitlan gobernaba en ella Moctezuma Xocoyotzin y Cuauhtémoc había sido elegido gobernante de Tlatelolco, en 1515. Al morir Moctezuma el pueblo mexica eligió a Cuauhtémoc como su sucesor, gobernando así a las dos ciudades y combatiendo contra los españoles hasta que la ciudad fue sitiada. De nada sirvió que Tenochtitlan resistiera 80 días el asedio de los conquistadores, al final Cuauhtémoc cayó prisionero, capturado por Diego de Holguín, el 13 de agosto de 1521. La caída de Tlatelolco marcó el fin del imperio más importante de Mesoamérica.