domingo, 26 de septiembre de 2010

Tlapanecos


Tlapaneco es un nombre atribuido a esta etnia mexicana, su designación tiene procedencia mexica y una connotación peyorativa, "el que está pintado (de la cara)", lo que significa para ellos "tener la cara sucia". El vocablo que utilizan para nombrarse así mismos es me'phaa, que deriva de la lengua tlapaneca mbo A phaa, y que quiere decir "el que es habitante de Tlapa". El territorio ancestral de este grupo étnico, del que se tienen referencias de su existencia desde el año 2.500 a. C., está situado geográficamente en el estado de Guerrero, México, entre la vertiente de la Sierra Madre del Sur y la costa. Sus pobladores se ubican, en su mayoría, en los municipios de Acatepec, Atlixtac, Malinaltepec, Tlacoapa, San Luis Acatlán y Zapotitlán Tablas, pero también, aunque en menor concentración, en Atlamajalcingo del Monte, Metlatonoc, Tlapa, Quechultenengo, Ayutla, Asoyú y Acapulco.

Según el Códice Asoyú, los españoles llegaron al territorio me'phaa en el año 1521 y, al contrario de lo que sucedió en otras partes durante la conquista, el proceso no fue violento. Los españoles aprovecharon la estructura que habían dejado los aztecas y la región se sometió al sistema de encomienda sin alteraciones que reseñar. No fue así con los yopes, que nunca obedecieron a los aztecas y siguieron sin hacerlo a los conquistadores recién llegados, tanto fue así que preferían la muerte antes que dejarse someter.

El principio de la historia de este pueblo, como en casi todos, comienza de manera oral y la conocemos por la registrada por Carrasco, que dice que al llegar a A'phaá, Tlapa, desde una región muy lejana, cuatro mujeres y tres hombres la convirtieron en el centro ceremonial más importante de la región. A la par que fueron creciendo se fundaron cuatro cacicazgos, Buáthá Wayíí (Huehuetepec), Mañuwiín (Malinaltepec), Miwiin (Tlacoapa) y Xkutíí (Tenamazapa).

La ubicación geográfica de Buáthá Wayíí le permitió crecer y extenderse por el norte, a la orilla del cerro de la Reata, introduciendo en forma de cuña sus dominios en territorio na savi (mixteco), donde fundaron los pueblos de Zilacayotitlán, San Juan Puerto Montaña, El Rosario, Juanacatlán, El Zapote, Santa María Tonaya y Las Pilas.

Por su parte, el cacicazgo de Mañuwiín creció hacia el sur, donde fundaron Moyotepec y Tejocote. Pasado el tiempo iniciaron la búsqueda y el dominio de la sal y la ruta comercial hacia el mar, a partir de entonces fundaron los pueblos de Paraje Montero, Ojo de Agua, Xochiatenco, Lliatenco, Yerba Santa, Tierra Blanca, Tilapa, Tierra Colorada, El Rincón y Pueblo Hidalgo, lo que hizo debilitar el territorio de los mixtecos.

El tercero, el de Xkuitií, extendió sus dominios apoderándose de otra ruta comercial hacia el sur, fundando Ahuejuyo, Totomixtlahuaca, Aguacate, Páscala del Oro Mezcalapa y Metlapilapa. La capital del cacicazgo se trasladó a Acatepec y esto le dio un nuevo impulso, lo que resultó una beneficiosa estrategia comercial, fundándose a raíz del cambio capitalino Apetzuca, Zontecomapa, Barranca Pobre y Zapotitlán Tablas.

El cacicazgo de Miwii no tuvo tanta suerte como los otros tres, su terreno era muy pobre y por su ubicación geográfica no se acercaba ninguna ruta comercial que le permitiera crecer y extender sus dominios.

El idioma me'phaa pertenece al tronco lingüístico otomangue y a la subfamilia subtiaba-tlapaneco. Tiene siete variantes dialécticos en el país, además del subtiaba que se hablaba en Nicaragua. Es una lengua tonal, que quiere decir que según el tono con que se pronuncie la palabra cambia de significado.

Los ingresos económicos de los me'phaa dependen en gran medida de la economía nacional, del mercado del café principalmente. El café y la comercialización de la madera, junto a algunas frutas nativas, son sus fuentes de ingresos. Además, existen otros cultivos en las fértiles tierras ribereñas del río Tlacoapa, muy codiciadas por los agricultores, que les permiten realizar varias cosechas al año de maíz y plátano.

Los pueblos tlapanecos se identifican en tres tipos de administración, las rancherías, el pueblo y el municipio. Sus viviendas actuales no tienen un corte o características definidos. Los materiales para su construcción y la distribución varían de una región a otra, aunque por lo general se hacen de adobe y con techos de teja, láminas de cartón o asbesto. Los me'phaa tienen dos casas, normalmente, una en el centro de la comunidad y otra en las rancherías, donde tienen sus cultivos y donde pasan la mayor parte del tiempo. Sus viviendas tradicionales tenían las paredes y el techo hechos de tejamanil, constaban de un solo cuarto y no disponía de ventanas ni escape para el humo del fogón, una manera de mantener alejados a los insectos.

Los tlapanecos profesan en su mayoría la religión católica, aunque en los últimos años se dan incursiones de religiones evangélicas que han llegado a provocar enfrentamientos entre los habitantes debido a que al cambiar de religión ya no se sienten obligados a cooperar con el ritual católico. En otra época, en la precortesiana, los sacerdotes, a quienes se les llamaban nahuali-li (doble animal del individuo y el tonal-li destino y fuerza del individuo), tenían el poder de transformarse en varios animales, logrando de esta manera conseguir la lluvia y combatir a los enemigos del grupo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Tepehuanes y Tepecanos


Los tepehuanes son un agrupamiento de pueblos nativos de México, cuyo territorio se extiende desde el estado de Jalisco hasta el de Zacatecas, abarcando la Sierra Madre Occidental. Son tres las distintas ramas que se reconocen de este grupo de etnias, tepehuanes del norte, tepehuanes del sur y tepecanos; que junto a los pimas y pápagos componen la rama Tepima de la familia yuto-azteca.

Los tepehuanes del norte, habitan en la región sur del estado de Chihuahua, principalmente en los municipios de Guadalupe y Calvo y en menor número en el municipio de Guachochi. Los tepehuanes del sur, lo hacen en los municipios de Mezquital y Pueblo Nuevo en el estado de Durango, y en el municipio de Huajicori, en Nayarit. Por su parte, los tepecanos, habitaban algo más al sur que estos dos grupos con los que están emparentados. Antiguamente lo hacían en la región del norte de Jalisco y posiblemente en parte del sur de Zacatecas. Entre los tepehuanes del sur y los tepecanos era tan mínima la diferencia cultural y lingüística que algunos antropólogos, como Jhon Alden Mason, los consideran una única etnia con dos núcleos geográficos distintos.

La nación tepehuana u ódami, hasta poco antes de la llegada de los conquistadores españoles, era la más extensa del norte de México, en cuanto a territorio se refiere. En el siglo XVI su territorio se extendía hasta el sur de Durango y el norte de los estados de Nayarit, Jalisco y Zacatecas. Eran vecinos de los tubar y zoe al noroeste, los acaxee en Durango, los xixime en Sinaloa, los conchos, coras y huicholes al suroeste y tobosos al noroeste. Según las crónicas de los primeros misioneros que llegaron al territorio ódami, estos eran belicosos y politeístas, y mantenían cierto dominio sobre otros pueblos vecinos como los acaxee, a los que le exigían tributo. Las minas y la extracción minerales estuvieron estrechamente relacionadas con la colonización del territorio y de ahí el consecuente establecimiento de pueblos españoles y mestizos alrededor de los complejos mineros.

Los misioneros franciscanos, y en menor medida los jesuitas, fueron los evangelizadores en la época colonial. La estrategia colonizadora en este caso no fue muy distinta a otras llevadas a cabo en los nuevos territorios conquistados para los españoles, no por, sino para, porque mucho tuvieron que ver en toda esta conquista los propios indígenas de otros pueblos, que formaron alianzas con los extranjeros, de otra manera hubiera sido imposible que "un sólo puñado de barbudos" hubieran conseguido la gesta. La evangelización se hizo posible concentrando a la población dispersa por medio de misiones establecidas en lugares estratégicos por ser sitios mineros o agrícolas, en donde los nativos trabajaban para la economía colonial.

Pero claro, no todo fue coser y cantar, la colonización tuvo sus puntos ásperos, no fue todo un camino de rosas. Durante el siglo XVII hubo varias insurrecciones indígenas contra el orden colonial establecido en la Nueva Vizcaya. La primera de ellas se dio entre 1616 y 1620, con un trasfondo religioso y mesiánico y con el mensaje de los líderes pregonando que se trataba de un mandato divino para recuperar sus tierras y expulsar de ellas a los españoles. Esta insurrección de los ódami abarcó misiones, haciendas y poblados españoles, arremetiendo incluso contra la capital de Durango por aquel entonces, Guadiana. Tres años más tarde, en 1619, el gobernador de la Nueva Vizcaya ya había convencido a muchos insurrectos para que se rindieran con el ofrecimiento de la amnistía. En cambio, con los que no se rindieron no hubo piedad, sus principales líderes fueron ahorcados y la población tepehuana reducida a las misiones.

Por otro lado, al norte del actual estado de Jalisco, los primeros misioneros en llegar fue allá por 1581, los frailes Pedro del Monte y Andrés de Medina. Por los relatos que nos dejaron estos dos religiosos sabemos que por aquel tiempo Chimaltitlán y Nostic eran poblaciones tepehuanas. También por los documentos revisados por el padre Nicolás Valdés o por otros datos como el idioma hablado en algunas localidades como Colotlán y El Teúl, y coincidencias con la historia oral de los tepehuanes, sabemos que su territorio abarcaba desde la Sierra de los Morones al oriente hasta la Sierra de los Huicholes al poniente y desde Azqueltán en el norte hasta San Cristóbal de la Barranca al sur.

A la llegada de los españoles, muchas de estas poblaciones fueron abandonadas por los tepehuanes, especialmente las situadas al límite sur del territorio, de donde emigraron a otras regiones tepehuanas en el norte, incluyendo Durango. Históricamente, el territorio de los tepehuanes del sur se extendía hasta San Cristóbal de la Barranca y los tepehuanes que habitaban la región de Villa Guerrero y Totatiche fueron integrantes de este mismo grupo. A lo largo de la historia, a los habitantes de estos pueblos se les denominó tepecanos, sin embargo, lingüísticamente y culturalmente formaron parte de la misma etnia que los pueblos tepehuanos del sur de Durango.

El idioma de los ódam pertenece al tronco yuto-azteca en su rama primaria, la que se reconoce como lengua tepehuana. Se puede decir que con sus vecinos coras, huicholes y mexicaneros sólo tienen entre sí un parentesco lejano. Dentro de esta misma lengua se dan diferentes dialectos, fonético y léxico, entre los que viven en Mezquital y Pueblo Nuevo.

Son varias las versiones que se dan sobre el significado de la palabra tepehuan, que sin duda es de origen náhuatl. Derivado de tepetl, "cerro", y huan, partícula posesiva, quiere decir "dueño de cerros". Pero existe otra interpretación diferente que señala al término tepehuani como significado de "conquistador o vencedor de batallas".

martes, 14 de septiembre de 2010

Tepanecas


La costumbre o característica común entre las culturas mesoamericanas de reescribir la historia y eliminar buena parte de la cultura conquistada para que no sirviera de apoyo en el presente o futuro, hizo que poco de la cultura tepaneca llegara a nuestros días. Una característica no exclusiva propiamente de esta región del mundo, podríamos decir que de la misma manera actuaban en otras partes del planeta, la cultura dominante siempre trató de borrar cualquier indicio de la conquistada, sólo en raras ocasiones se mantenía o conservaba parte de ese tesoro cultural.

Esto mismo sucedió tras la victoria de la Triple Alianza, encabezada por Tenochtitlán, sobre lo que era hasta entonces el Imperio Tepaneca, cuya capital era Azcapotzalco. Los mexicas se habían convertido en los dominadores de la región y, de acuerdo con su ideología, pusieron todo su empeño en rehacer la historia, basados en su manera de pensar, militarista, expansionista y sancionadora, eliminando muchos detalles de su pasado humilde para cambiarlos por un falso parentesco prestigioso con toltecáyotl.

Los historiadores apuntan, apoyándose en la tradición, que los tepanecas eran un pueblo prehispánico de origen chichimeca, que fueron a instalarse en la Cuenca de México allá por el siglo XII. Este pueblo constituía una de las siete tribus que salieron de Chicomoztoc, "en las siete cuevas", un lugar mítico que no se sabe con certeza dónde se ubicaba geográficamente. Investigadores actuales piensan que se situaba en la parte norte de la Cuenca de México, en dirección a la antigua Tula, concretamente en el cerro conocido como Chiconauhtla, al sur del valle de Teotihuacan. En cambio, tan sólo unas décadas atrás, a mediados del siglo pasado, una opinión generalizada apoyaba la teoría de que su localización estaba en La Quemada, la actual zona arqueológica en el estado de Zacatecas.

Cuando los españoles llegaron a la Cuenca de México, el esplendor del Imperio Tepaneca ya era parte del pasado, ya estaban sometidos al poderío de la Triple Alianza, no habían conseguido permanecer como grupo étnico y las únicas referencias que se tienen actualmente de la época prehispánica son las que podemos encontrar en diversos códices y documentos recopilados por historiadores. Este es el caso del Códice Boturini o Tira de la peregrinación, una fuente de gran valor que relata los avatares de una serie de tribus que salieron de Aztlán y pasaron por Colhuacán, donde se relacionan a los tepanecas, matlatzincas, tlahuicas, malinalcas, acolhuas, xochimilcas y huexotzincas.

El Azcatitlan es otra valiosísima fuente, un códice más tardío que el anterior aunque emparentado con él, representado en glifos gentilicios, aunque con notorio cambio de estilo y acompañado de glosas alfabéticas. También existen crónicas coloniales recopiladas como Chimalpain, que coincide plenamente con las glosas del Códice Azcatitlan. De igual manera, en su "Historia de la Nación Chichimeca", Fernando de Alva Ixtlilxóchitl relata cómo tres grupos fueron acogidos por Xolotl cuando estaba al frente de los chichimecas, tres años después de la caida de Tollan, estableciéndose así los tepanecas en Azcapotzalco, los acolhuas en Coatlichan y los otomíes en Xaltocan. Así mismo, fray Diego Durán nos dejó el testimonio recogido, que coincide parcialmente con la Tira de la Peregrinación, en los nombres de los pueblos recién llegados: "Los que salieron de aquellas cuevas (Chicomoztoc) fueron los seis géneros de gentes: conviene a saber: los Xuchimilcas, los Chalcas, los Tepanecas, los Culhuas y los Tlahuicas y Tlaxcaltecas. Aunque es de saber que no todos juntos, ni todos en un año, sino unos primeros y otros después, y así, sucesivamente, iban dejando aquel sitio y lugar de las cuevas. Y así, el primero que salió fue el género de los Xuchimilcas. Luego les siguió el de los Chalcas, y luego el de los Tepanecas, y luego el de los Culhuas, y tras ellos, los de Tlahuic, y el Tlaxcalteca, quedándose allá el mexicano, según dicen ellos, por ordenación divina...".

Nada tiene que ver el significado de la palabra tepaneca con tecpaneca, "casa del tecuhtli", y que está relacionada con cierta casta o clase de personas que ocupaban las tareas administrativas de las casas de los gobernantes. Aunque, según la traducción de ciertos documentos, como los Anales Tepanecas y el Códice Mexicanus, la palabra tecpaneca aparece cuando se refiere contextualmente al pueblo tepaneca. Sin embargo, los investigadores achacan este error a una posible confusión de traducción debido a un deficiente conocimiento de la lengua y glífica nahua.

Una posibilidad es que el gentilicio tepanecatl provenga de tepantli, que denota una pared, una hilera o un muro de piedra. Tepaneca puede producirse como "el pueblo de la piedra". Una definición apoyada en el hecho de que el glifo gentilicio tepaneca, que aparece en documentos como el Códice Boturini, Códice Azcatitlan y Códice Xolotl, está asociado al glifo Calli, que expresa la idea de nación o grupo humano y uno de los glifos más normalizados del sistema náhuatl, el que significa "piedra".

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tecuexes


El grupo étnico tecuexe era uno de los denominados chichimecas. Se cree que se formó de grupos zacatecos y habitaban en un área considerable de extensión territorial del norte del Estado de Jalisco, de Guadalajara y al oeste de Los Altos, incluyendo Mexticacán, Jalostotitlán, Tepatitilan, Yahualica, Juchitlán y Tonalán. También ocuparon la región central, cerca de Tequila, Amatlán, Cuquío y Epatan. De su forma de vida se sabe que vivían en zonas cercanas a los ríos, para aprovechar todas las ventajas que les ofrecían los causes, pescaban, cazaban, recolectaban frutos silvestres y cultivaban frijol y maíz. Eran habilidosos en artesanías, carpintería y en sonidos musicales que no necesitaban de instrumentos complejos. Los tecuexes, al igual que los demás pueblos pertenecientes al grupo chichimeca, para principios del siglo XVII ya habían desaparecido como entidad cultural distinguible.

Cuando los primeros conquistadores españoles se adentraron con sus aliados indígenas por la recién denominada provincia de Nueva Galicia, se encontraron con un gran número de nativos nómadas que pertenecían al grupo chichimeca. En su Descripción de la Nueva Galicia, publicado en 1621, Domingo Lázaro de Arregui dejó contabilizadas 72 lenguas distintas, las que estimaba que se hablaban en la recientemente creada provincia colonial.

Alfredo Moreno González también nos deja en su libro Santa María de los Lagos, la explicación de la palabra Chichimeca, que a lo largo de los años ha recibido diferentes interpretaciones, desde que los españoles se la designaron al grupo, eso sí, influenciados por sus aliados aztecas, y refiriéndose como un epíteto todo incluido con connotación maligna, comenzando a llamar desde entonces al extenso territorio donde se asentaban como La Gran Chichimeca. Algunas de estas interpretaciones fueron "linaje de perros", "perros altaneros" o "chupadores de sangre". De todas maneras, parece que los indígenas del sur no tenían una buena estima o concepto creado referente a los del norte. Esto no quita que tuvieran un cierto respeto hacia ellos, a los que distinguían como defensores valientes y audaces de sus tierras ancestrales.

Al igual que con los otros pueblos chichimecas, son pocos los datos que llegaron hasta nuestros días refiriéndose a su forma de vida prehispánica. La razón principal se debe al desplazamiento generalizado que sufrió la región a partir de 1529 y, como ya repetí en otras ocasiones, a los cuatro factores más importantes que influyeron para que esto sucediera. El primero de estos factores fue la campaña llevada a cabo por Nuño Beltrán de Guzmán, 1529-30, en la frontera norte de Nueva España, y de la que Peter Gerhard escribió: "Guzmán, con una gran fuerza de los españoles, aliados mexicanos, y los esclavos tarasca, pasó por aquí en una campaña rápida y brutal que duró desde febrero hasta junio, 1530, la estrategia de Guzmán era aterrorizar a los indígenas con frecuencia, no provocando muerte, la tortura y la esclavitud".

El segundo factor fue la rebelión del Mixtón, 1541-1542, un intento desesperado por parte de los indígenas cazcanes por sacar a los conquistadores de Nueva Galicia. Pero la respuesta que encontraron los nativos ya nos la cuenta la historia. Ante la desesperada situación creada, el virrey Mendoza reunió un ejército para repeler el levantamiento, de 450 españoles y unos 30.000 soldados aztecas y tlaxcaltecas, que en una serie de asedios y asaltos cortos se fue adueñando de la situación y sofocando la rebelión. Esta derrota causó miles de muertes entre el bando sublevado. Peter Gerhard cuenta al respecto: "miles fueron expulsados de las cadenas a las minas, y muchos de los supervivientes (en su mayoría mujeres y niños) fueron transportados desde sus lugares de origen para trabajar en granjas y haciendas españolas".

El tercero de estos factores fue la Guerra Chichimeca, la guerra de guerrillas que continuó hasta la última década del siglo XVI, participando en ella indios chichimecas en defensa de sus tierras en Zacatecas, Guanajuato, Aguascalientes y el norte de Jalisco. La Guerra Chichimeca dio comienzo en 1550, como respuesta al movimiento de fronteras que se fue dando a medida que los españoles entablaban nuevas relaciones y alianzas con grupos indígenas amistosos. Por último, la cuarta causa, fueron las enfermedades contagiosas las que causaron estragos entre la población nativa americana. Durante el primer siglo de conquista, los indígenas de México sufrieron 19 grandes epidemias, viruela, difteria, gripe, fiebre escarlatina, sarampión, fiebre tifoidea, paperas, influenza y cocoliztli. Peter Gerhard estimó que, para 1520, la población nativa de la Nueva Galicia era de 855.000 personas.

*Consultar Chichimecas