domingo, 28 de marzo de 2010

Mazahuas


La palabra mazahua proviene de Mazáhuatl, nombre del jefe de una de las cinco tribus de la migración chichimeca, también se cree que es un término nahua que significa "gente de venado". Los componentes de esta etnia se autonombran jñatjo o jñatrjo, son el grupo indígena más numeroso del estado de México. En el II Conteo Intercensal de Población y Vivienda 2005 se registraron a 95.411 personas hablantes de su lengua.

Geográficamente, los mazahuas se localizan en el estado de México, en la región noroccidental y centro-occidental, mayoritariamente en 13 municipios rurales, que son: San Felipe del Progreso, Villa Victoria, San José del Rincón, Donato Guerra, Ixtapan del Oro, Villa de Allende, Almoloya de Juárez, Ixtlahuaca, Temascalcingo, El Oro, Jocotitlán, Atlacomulco y Valle de Bravo. Los mazahuas ocupan esta zona desde principios del siglo XVI, integrada por una serie de montañas, lomas y valles en los que predomina el clima frío.

Los antecedentes históricos de este grupo indígena y su procedencia está relacionada con la llegada de sus antepasados al Valle de México, con una de las cinco tribus comandada por Xólotl, en el siglo XIII, de las migraciones nahuas de finales del periodo Posclásico y de la fusión racial y cultural de los asentamientos tolteca-chichimeca.
Se estima que esta migración partió de Chicomoztoc, lugar de las Siete Cuevas, y escenificaron su presencia en el Valle de México como componentes de los grupos acolhuas, que llegaron poco después de los chichimecas.
Los mazahuas fueron un pueblo dominado sistemáticamente, primero por los acolhuas, después por los tecpanecas y más tarde por los mexicas, que consolidaron su poderío en Temascalcingo, Atlacomulco, San Felipe del Progreso, Jocotitlán, Malacatepec e Ixtlahuaca, municipios actualmente poblados por los mazahuas.

Los antiguos descendientes de esta etnia fueron los primeros pobladores que se asentaron en San Felipe del Progreso, en el siglo XIII, también se conoce que a finales de ese siglo, en 1379, fueron sometidos por la Triple Alianza (México-Tenochtitlán, Tezcoco y Tlacopan) y obligados a tributar a los mexicas hasta 1521, año en el que llegaron los conquistadores españoles, pasando así a estar bajo un nuevo dominio.
En la época de la colonia los virreyes repartieron el territorio y fundaron varios poblados, entre ellos San Felipe Ixtlahuaca, en el año 1552. Ya en el siglo XVIII, en 1711, y a petición de los indígenas a la Real Audiencia, se fundaron las repúblicas de indios de Ixtlahuaca y San Felipe, pasando a tener ayuntamiento propio y residencia fija de la máxima autoridad, el gobernador.
Por aquel tiempo y por orden del Gobierno Español se instalaron varios telares, lo que le dio nombre, pasando a llamarse San Felipe del Obraje. Pero el nombre final con el que se conoce al lugar donde se asientan la mayoría de los mazahuas, San Felipe del Progreso, proviene del siglo XIX, del 13 de octubre de 1877, cuando el cura Miguel Hidalgo llegó al lugar proclamando la independencia y la legislatura local elevó el pueblo a la categoría de Villa con el nombre que hoy conocemos.

La lengua mazahua o jñatjo pertenece al grupo lingüístico otopameano, de la familia otomangue, es reconocido como lengua nacional de México, junto a otras sesenta y dos lenguas, y con la misma validez que el idioma español tiene en todo su territorio. Es la sexta comunidad lingüística después de los hablantes de español, náhuatl, otomí, mixteco y zapoteco.

Al contrario que otras etnias, que sufrieron desplazamientos y migraciones a otras áreas, los mazahuas llevan mucho tiempo en el mismo territorio y esto hace que se conozcan entre sí y compartan tradiciones, de igual manera esta característica o particularidad les ha permitido adaptarse y conocer mejor el terreno que habitan. La principal actividad económica de los mazahuas en el campo es la agricultura, siembran el maíz, frijol, calabaza, haba y algunos frutales que generalmente auto consumen.; parte de las cosechas se venden para generar dinero que les permita adquirir otras necesidades, como el calzado y el vestido. La ganadería también es importante, crían aves de corral, bovinos, borregos, equinos y porcinos. De la misma manera tienen su importancia las artesanías de lana, elaboradas en telares de cintura, la alfarería y los trabajos en madera.
La familia de los mazahuas puede ser nuclear o extensa, y entre sus tradiciones existe el compromiso de realizar al menos tres visitas previas por parte de la familia del novio en la petición antes de celebrarse el matrimonio.
Las creencias religiosas de los mazahuas se basan en la iglesia católica.

domingo, 21 de marzo de 2010

Mayos


El asentamiento de la etnia mayo se localiza entre el norte del Estado de Sinaloa y el sur del Estado de Sonora, México, en los municipios como Álamos, Navojoa, Etchojoa y Huatabampo. Su población indígena se estima en un número cercano a los 75.000 habitantes, el 25% de la población total de la región y algo menos del 4% del estado. Principalmente es en el fértil valle del Río Mayo y el Valle del Fuerte, donde se ubican, repartidos en 242 localidades.

Las primeras evidencias que se tienen sobre asentamientos en la región que lleva el mismo nombre de esta etnia, Mayo, datan del año 180 a. C., en el municipio de Huatabampo, Sonora. Siglos después, cuando llegaron los conquistadores españoles a tierras mexicanas, a los estados de Sonora y Sinaloa, los mayos formaban una confederación con otras etnias cercanas, de la que también formaban parte los apaches, papagos, pimas y yaquis. Esta unión indígena tenía la finalidad de poder defenderse con garantías ante otros pueblos invasores, respetaban sus respectivos territorios y al mismo tiempo mantenían y aseguraban el intercambio cultural y comercial.

En 1531, y después de la conquista de México, los españoles organizaron campañas militares para someter a la región Mayo a la Corona Española, y dos años más tarde, el 4 de julio de 1533, Diego de Guzmán, sobrino del gobernador de la Nueva Galicia, Nuño Beltrán de Guzmán, salió de Culiacán con la orden de descubrir las Siete Ciudades de Cíbola. Sobre la situación de estas ciudades se tenían noticias de que se ubicaban al norte de la Nueva España, al igual que de la existencia de un río que desembocaba en lo que hoy conocemos por el Océano Pacífico. Este río tenía cuatro o cinco leguas de ancho, y en él, los indios, tenían una cadena de hierro que lo atravesaba, para detener las canoas o balsas que por su cause llegasen. Después de que Diego de Guzmán explorase el norte de Sinaloa, se adentró en el Estado de Sonora y el 24 de septiembre de ese mismo año llegó la expedición militar al Río Mayo. Como cabe de esperar los indios mayos no le tributaron un recibimiento pacífico, todo lo contrario, el son con el que recibieron a los extranjeros fue el de guerra, pero al ver la superioridad de éstos pensarían que lo mejor era huir, y eso hicieron.

Éste fue el primer encuentro que tuvieron los nativos mayos y los invasores europeos, pero que huyeran en el primer contacto no significa que fueran sometidos tan fácilmente, esto no ocurrió hasta 1599 y gracias a la mediación de los misioneros jesuitas. La evangelización dio comienzo en el año 1591, con la llegada a Culiacán de los jesuitas Gonzalo de Tapia, Martín Pérez y Pedro Méndez, que unidos en labor y a la prudencia de Diego Martínez de Hurdaide, nombrado Capitán y Justicia Mayor en 1600, contribuyeron a pacificar las intenciones del pueblo mayo con un tratado de paz y alianza ofensiva y defensiva.

A la etnia mayo siempre se le ha tomado por un pueblo pacífico, la población indígena más amigable de todas las culturas habidas en el desierto, esta característica hizo que la cristianización de la tribu se desarrollara sin conflictos sangrientos. Aún así, identificados como pueblo amigable, su desarrollo histórico no fue precisamente un remanso de paz, cuando se consumó la Independencia, los mayos, junto a los yaquis, se vieron involucrados en las luchas internas que se dieron en Sonora, entre los generales Urrea, Gándara y Pequeira, y en las que tuvieron lugar entre las fuerzas liberales y las imperialistas, prolongadas hasta 1866, el mismo año que los franceses abandonaron Sonora, sin embargo, no fue hasta 1868 cuando dieron fin a la sublevación.

Más tarde, durante el periodo del gobierno de Porfirio Díaz, de nuevo los mayos junto a los yaquis, liderados por el indio Cajeme, protagonizaron otra rebelión, cuando fueron atacados y despojados de sus tierras. Esta rebelión fue sofocada a principio del siglo XX y después de veinte años de disputas. En plena revolución mexicana fueron dirigidos por Álvaro Obregón y lograron incorporarse al movimiento por reivindicación de tierras, y, aunque consiguieron sensibilizar a muchos con su actitud valiente, no sería hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando se le reconoció derechos y el reparto agrario les concedió ejidos propios y herramientas para aprovechar las ventajas y posibilidades que les ofrecía el fértil valle del Río Mayo.

Los mayos se autodenominan Yoreme, que significa "el que respeta". La cultura Mayo se considera hermana de la cultura Yaqui, con los que comparten origen, historia y lengua. El idioma Mayo tiene el índice de mono lingüístico Uto-azteca, de la familia Taracahitiana, de la subfamilia Cahita. Es muy poco lo que difiere de la lengua Yaqui, con la que es posible el mutuo entendimiento. Actualmente los mayos son bilingües, con el idioma español.

Los primeros mayos se dedicaron a la cacería, la pesca y la recolección, paulatinamente fueron desarrollando técnicas de agricultura que les permitió asentarse en una amplia zona. Actualmente su principal actividad es la agricultura, producen maíz, cártamo, trigo, frijol y soya, entre otros productos, hasta dos veces al año. La pesca del camarón es otra actividad importante dentro de su producción, junto a la ganadería.
Tienen sus propias autoridades elegidas mediante votación, y respetan su jerarquía a la vez que las leyes civiles mexicanas. Entre ellos predomina la monogamia y el matrimonio endogámico, aunque la influencia de los mestizos les ha llevado a que cada vez y con mayor frecuencia los matrimonios sean exogámicos, al igual que son frecuentes las uniones libres. Entre sus costumbres se hallan tanto el rapto de la novia como la petición de ésta por parte de los padres del novio. Es frecuente acoger a familiares de mayor edad cuando no tienen otras personas que los cuiden.
Sus creencias religiosas se basan en el catolicismo, desde que llegaron los primeros jesuitas a la región.


viernes, 12 de marzo de 2010

Mayangnas-Sumus


Se calcula que son aproximadamente más de 10.000 años, los que lleva el pueblo mayangna asentado en territorio nicaragüense, primero en la zona de la costa del Pacífico pero debido al acoso de otros pueblos invasionistas que sucesivamente invadieron el territorio, como los chorotegas, maribios y nahuas-nicaraos, acabaron por asentarse en la costa del Caribe. Es el más antiguo de todos cuantos pueblos se asentaron en el país y se puede afirmar por las huellas antroponímicas, que se encuentran en todos los extremos del territorio nacional. Los mayangnas desarrollaron un estilo de vida nómada, debido a las constantes agresiones que sufrieron por parte de los miskitos, que le relegaron al departamento de Jinotega, a Río Coco, Rosita y Bonanza en la RAAN (Región Autónoma del Atlántico Norte), y a la Desembocadura del Río Grande en la RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur).

La etnia mayangna en realidad son un conjunto de tres pueblos indígenas con identidades étnicas muy diferenciadas, los twahakas, panamakas y ulwas, que al igual que en Nicaragua , también sobreviven pueblos mayangnas twahkas en el sur de Honduras. En la época de las grandes migraciones mesoamericanas, a partir del años 800 d.C., empiezan a ser desplazados por los chorotegas, maribios y nahuas-nicaraos, de las costas del Pacífico, donde se encontraban tierras fértiles dotadas de numerosos cuerpos de agua, hacia la zona central montañosa, desde donde, poco a poco, fueron expulsados hacia la zona del Caribe. Al margen y al mismo tiempo, los miskitos se iban expandiendo por el territorio, lo que les obligó a abandonar la zona costera del noroeste de Nicaragua; también más adelante y durante la alianza miskito-inglesa, que favoreció la implementación de capturas de indios de montaña o caribes para ser vendidos como esclavos en las plantaciones del Caribe. Los mayangnas terminaron por internarse en las cabeceras de los ríos de la vertiente atlántica. Ya en la época colonial sufrieron los intentos por conquistarlos por parte de los españoles y los zamboingleses, pero en ambas intentonas se encontraron con la resistencia mayangna que, con el cacique Yarrinse al frente de un ejército de 300 guerreros ulwas-caribes, en la segunda mitad del siglo XVIII, consiguieron derrotarlos, tanto a unos como a otros.

A los mayangnas también se les conoce por el término sumus o sumos, un vocablo despectivo atribuido por los miskitos y adoptado por la literatura etnográfica de siglo XIX, que viene a significar "cobarde o no iguales". Antiguamente se les conocía con el gentilicio de mayangna, concepto gramatical curioso: ma es "lo alto", es "el sol", y yangna es "nosotros". En la última década del siglo XX se produjo un movimiento reivindicativo a favor del término mayangna, en vez de la voz sumo o sumu. Las pertenecientes a esta etnia son comunidades que se encuentran en las zonas selváticas caribeñas nicaragüenses y hondureñas, todas se sitúan en lugares de difícil acceso y por lo general en un ambiente de muchísima diversidad ecológica. Son pipanteros por excelencia y muy hábiles en la navegación por los grandes ríos, en cuyas cabeceras se localizan sus poblados. Las principales comunidades mayangnas en Nicaragua son Musawás, Wasakin y Karawala, las dos primeras en los municipios de Bonanza y Rosita, en la RAAN, y la tercera es el municipio de la Desembocadura, del Río Grande, en la RAAS. La mayoría de las comunidades mayangnas se encuentran en territorio de Nicaragua, alrededor de 36, y 5 en la República de Honduras. Es el segundo grupo poblacional indígena hablante de lengua nativa en Nicaragua y suman cerca de los 15.000 habitantes.

Los mayangnas complementan una dieta rica y variada, apoyada en la agricultura, y conforme a un tipo de clima, sulos y humedad, los cultivos que se llevan a cabo son de yuca, quequisque, batata, ñame, bananos, coco, pijibay, fruta de pan, arroz, frijoles y maíz. Recolectan frutas de temporada y mieles silvestres, también cazan y pescan.

El sumo es el idioma de este pueblo y forma parte de la familia SUMALPA (sumo, matagalpa), que reúne a los hablantes contemporáneos con el extinto matagalpa y que, con el cual, debieron de tener una unión gramatical, aproximadamente 1.500 años atrás. También están emparentados con el miskito, por lo que se crea la subfamilia llamada MISUMALPA (miskito, sumo matagalpa) y que forman parte del tronco Macro Chibcha.

La cosmovisión de los mayangnas queda señalada o designada por las montañas, los ríos y animales que en ellos habitan. La compleja realidad del mundo mayangna está compuesta por varias dimensiones; la representada por la gente contemporánea; la morada de los dioses llamada Malam askau o la casa al otro lado del sol, un sitio ubicado en lo alto, en las cumbres del cerro Saslaya, y que llaman jardín brillante; el mundo de los espíritus o Ditalyang, al que sólo acceden los iniciados, sukias o chamanes; y el inframundo, situado debajo de la tierra, en el Este, hacia donde se dirigen las almas de los muertos, quienes tendrán que enfrentarse por el camino a los Walasa, espíritus malos, a los que podrán vencer en correspondencia a los seres de la naturaleza, especialmente con el sapo, y acceder a la casa moteada, donde tiene su morada Ituniwana, madre de todas las cosas.

viernes, 5 de marzo de 2010

Mayas


Al contrario de lo que sucede con otras etnias o pueblos indígenas, que en la mayoría de los casos no se encuentra mucha información al respecto o simplemente no queda más que el nombre de referencia y poco más, sobre los mayas sí tenemos la suerte de disponer de un legado cultural inmenso y de gran importancia, aunque no con esto quiere decir que ya lo conocemos todo de su forma de vida y lo que significaron en el continente americano durante más de tres milenios, desde el 2.000 a.C. hasta la conquista española, aproximadamente. Aún queda mucho por descubrir, por estudiar, por disfrutar y aprender de su cultura. Los mayas no desaparecieron, como muchos pensaban hasta hace poco e incluso hoy día todavía existen muchas personas que creen que así fue, nada más lejos de la realidad, el pueblo maya sigue latente en nuestras fechas, y sus descendientes aún viven en la región y hablan algunas de esas lenguas mayenses. El imperio o civilización como tal sí se da por desaparecido a partir de la consumación de la conquista española sobre su territorio, en 1697, con la toma de Tayasal, capital de los mayas Itzá y Zacpetén, capital de los mayas Ko'woj en el Petén, la actual Guatemala. No obstante, el último estado maya desapareció cuando el gobierno mexicano de Porfirio Díaz ocupó en 1901 su capital, Chan Santa Cruz, con lo que se dio fin a la llamada "Guerra de Castas".

De toda la información que disponemos actualmente sobre esta civilización, que como digo no es poca, trataré de resumir a grandes rasgos parte de su cultura, con el riesgo de dejarme atrás muchísimos datos de interés, sería imposible intentar de agrupar todo este legado histórico en tan breve espacio, por lo que pasaré por encima a groso modo sobre sus costumbres y manera de vivir. Su desarrollo como pueblo se dio en territorio centroamericano y mexicano, denominado como Mesoamérica, entre los países de Belice, Guatemala, Honduras, el Salvador y en cinco estados de México, Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. Los mayas no constituían un estado unificado, si no que se organizaban en ciudades-estado, todas independientes entre sí y extendidas sobre la vasta región anteriormente mencionada. Tampoco hablaban una sola lengua, durante ese largo tiempo se hablaron cientos de dialectos que generaron un número aproximado de 44 lenguas mayas diferentes.

Referente a su arte y arquitectura son conocidos los centros arqueológicos extendidos por toda la región, que son visitados por millones de turistas de todo el mundo, y que van desde Copán, Quiriguá, Piedras Negras, Palenque o Tikal, entre otros. Los materiales que utilizaron para sus construcciones fueron la madera y la piedra básicamente. Entre la madera fueron la caoba y el zapote, por ser más resistentes al ataque de las termitas, y entre las piedras fueron la caliza, arenisca y mármol, las escogidas para levantar sus edificaciones. Sus construcciones fueron de todo tipo, desde sus palacios rectangulares y alargados, templos, fortificaciones, baños de vapor (temazcal), calzadas que unían las ciudades principales (sacbeob), o espacios deportivos para llevar a cabo los juegos de pelota. Sus pirámides escalonadas son impresionantes, coronadas por templos y decoradas con una variada gama de colores y relieves. Muchos de estos decorados consisten en inscripciones de la escritura jeroglífica maya, aún no descifrada del todo.

Sobre su escritura, además de las inscripciones, se conservan algunos códices que cuentan sobre astronomía, matemáticas, medicina, historia, botánica... Desarrollaron un sistema de escritura como ningún otro pueblo del continente, el más completo de todos. Entre estos legados culturales y científicos están: El Códice de Dresde, escrito en el siglo XIII y que contiene un tratado de adivinación y astronomía; El Códice de París, que contiene profecías y adivinaciones y que se cree data también del siglo XIII; El Códice de Madrid, cuyo contenido son horóscopos y almanaques; El Códice Grolier, el que peor se conserva y que se trata de un calendario completo.

El calendario por el que se guiaban era tan preciso como el que nosotros utilizamos actualmente. El año solar (haab) también constaba con 365 días, pero distribuidos en 18 meses de 20 días cada uno y otro más de sólo cinco días. Los nombres de estos meses eran Pop, Uo, Zip, Zotz, Tzec, Xul, Yxkin, Mol, Chen, Yax, Zac, Ceh, Mac, Kankin, Moan, Pax, Kayab, Cumbu y Uayeb.
Su sistema matemático era de numeración vigesimal posicional, y también tenían un signo que representaba al cero para de esta manera realizar operaciones matemáticas más complejas. El punto tiene un valor numérico de 1 y la raya de 5. Así podían contar hasta 19. Para realizar números mayores tenían que colocar estos signos en distintas posiciones, al igual que nosotros para hacer números mayores al 9.

El maíz fue la base de la alimentación maya. Lo utilizaban para hacer bebidas como el atole, o alimentos como los tamales y tortillas. Referente a los tamales se conoce que los hacían con una pasta de maíz y una mezcla de carne , vegetales, o de ambos componentes. Todo se envolvía en hojas de maíz y se cocinaban con la técnica predominada pibil, que consiste en el horneado bajo tierra. También la yuca formó parte importante en la alimentación maya. Otros aportes caloríficos fueron el cacao y sus derivados, elaboraban el chocolate, o xocolatl en náhuatl, con agua, pues no tenían ganado que les proporcionaran leche; entre otras costumbres curiosas era la de no beber agua sola, casi siempre lo hacían mezclada con derivados del maíz, frutas y otros ingredientes. De igual modo la chaya era consumida por su aporte en vitaminas, planta muy parecida a la ortiga, el chicle, que lo extraían del chicozapote, la sal, de la calabaza también consumían sus pepitas y sus flores, el chile habanero, el frijol, la miel de abeja melipona y una extensa lista de frutas. Entre sus carnes preferidas estaban las del venado, el pecarí o puerco salvaje, el tepezcuintle, el armadillo, el manatí, el conejo, el malixpec, el tapir, el jabalí, el mono, la tuza, el cereque, el faisán, las palomas, el pavo de monte, el guajolote o pavo doméstico, perdiz, codorníz, chachalaca, gallinola, iguana...

Sus aldeas estaban compuestas tanto de casas unifamiliares, donde vivían padres e hijos y otros miembros adoptados de la familia, como por edificios multifamiliares, donde habitaban personas unidas por lazos sanguíneos comunes de elevada posición social. Los materiales que usaban para sus construcciones eran diversos, desde muros y techos de madera y palma a otros materiales más resistentes, como la piedra y el estuco. La vivienda maya podía estar formada por tres estructuras principales separadas, dormitorios, cocina y bodega, a la que se podían añadir otras estructuras separadas para talleres, baños saunas, etc. Dormían en el suelo, sobre plataformas adosadas a los muros, donde colocaban colchones rellenos de algodón, o simplemente sobre tapetes en el suelo. Sus habitaciones carecían de ventanas y las usaban para dormir y guardar sus pertenencias, también poseían huertos para el consumo familiar. Los habitantes comunes vivían en las afueras de las ciudades, en el centro de éstas lo hacían los sacerdotes y la nobleza, en castillos, pirámides y templos ceremoniales.

La religión siempre estaba presente en todos los aspectos de la vida de los mayas, en sus ritos agrícolas y ceremonias públicas, en el arte y la cultura. De importancia vital, la religión siempre estuvo ligada al control político, a la ideología que sustentó a esta la civilización y en manos de los sacerdotes. La religión maya tenía tres características fundamentales: Religión politeísta, se adoraba varios dioses a la vez; Religión de Aspectos Naturalistas, los dioses eran los elementos naturales, los fenómenos atmosféricos y los cuerpos celestes; Religión Dualista, el bien y el mal eran igual de divinos, siempre en lucha pero inseparables, como la noche y el día.

lunes, 1 de marzo de 2010

Matlatzincas


Matlatzinca significa "los señores de la red" o "los que hacen redes", derivado del náhuatl, matlatl: red, zintil: reverencial, y catl: gentilicio. Es el vocablo con el que los mexicas llamaban a este grupo étnico y como ellos mismos se denominan. Aunque también se les conocen por el nombre de pirindas, que quiere decir "los de en medio", este término se suele usar en la región de purépecha, debido a que los matlatzincas también ocuparon algunas zonas de su interior poco antes de que llegaran los españoles.

La localización de este grupo indígena se ha reducido a una sola comunidad, la de San Francisco Oxtotilpan, en el municipio de Temascaltepec, en el Estado de México, aunque esta circunstancia se debe a la desintegración que ha sufrido, una de las mayores del país desde la época de la conquista hasta la actualidad. Entonces, en la época prehispánica, ocupaban un amplio territorio que correspondía a los actuales estados de Michoacán, Guerrero y México. San Francisco Oxtotilpan está rodeado de grupos nahuas y un poco más lejos se asientan los mazahuas y los otomíes; colinda con dos pueblos que comparten el habla náhuatl, San Mateo Almomoloa y San Miguel Oxtotilpan.

Los primeros matlatzincas que llegaron a la región lo hicieron alrededor del siglo XII y se asentaron en las fértiles tierras del valle de Toluca. Según se cree, fue uno de los ocho grupos que formaron parte de la peregrinación de Chicomoztoc al valle de México. Sin embargo, no está garantizado que los asentamientos definitivos de este grupo étnico fuesen los primeros, es muy probable que tardaran algunos años en decidirse definitivamente hasta declinarse por un sitio en concreto, actitud normal ésta si razonamos que era una zona desconocida para ellos y que buscaban el mejor enclave para establecerse. Por aquel tiempo, el valle de Toluca, estaba ocupado por los matlatzincas y por los mazahuas, aunque por estos últimos en menor grado.

La zona del valle de Toluca y de la Sierra Nevada era muy atractiva también para los nahuas, por sus fértiles tierras, bosques, y gran variedad de animales, además de constituir un paso específico para los comerciantes, por su situación geográfica, del Valle de México a la costa del Pacífico, y para tener contacto con los purépechas. Es por todas estas condiciones por lo que decidieron conquistarla una vez que lograron establecer su dominio en el centro de México. Cuando lo lograron, con ayuda de otros grupos, los nahuas comenzaron a establecerse en el territorio de los matlatzincas y consiguieron convertirla en una zona comercial y cosmopolita, respecto a etnias. Por allí comenzaron a circular enormes cantidades de productos agrícolas, forestales, vegetales y animales, que se dirigían principalmente al valle de México y a los centros comerciales de la región, gracias a la riqueza que las tierras ofrecían. Los mazahuas y los otomíes se extendieron mientras que los matlatzincas disminuyeron y el grupo nahuas ocupó nuevos sitios, era tan importante el estado pluriétnico que se creó que en varias localidades de la región se llegaron a hablar los cuatro idiomas, ganando en importancia el náhuatl en detrimento de matlatzinca, que se fueron nahuatlizando y perdieron su idioma.

A la llegada de los españoles a la región, pocos años después de la caída de México-Tenochtitlan, algunos poblados comenzaron a tener una importancia considerable en la región central de Nueva España, como Temascaltepec, Taxco y el actual valle de Bravo. Las tierras de los matltzincas, incluidos sus pueblos, fueron repartidas entre los comendadores y la Corona española y Toluca le fue asignado a Hernán Cortés, formando así parte del Marquesado del Valle. Comenzó el control jurídico y administrativo de los españoles dejando en manos de los indígenas prácticamente nada, aparte de la obligación de tributos. A continuación llegó el segundo poder, el eclesiástico, la orden franciscana comenzó a levantar templos y a evangelizar a las comunidades, en un contexto de aprendizaje, tanto por parte de los indígenas como por los misioneros, que tuvieron que aprender su idioma para llevar a cabo la evangelización de los matlatzincas.

El asentamiento definitivo de españoles y mestizos en la zona no mermó el comercio ni la producción que consiguió la llegada de los nahuas, la agricultura se intensificó y se diversificó, produciendo una mezcla enorme de cultivos, nativos y extranjeros, el maíz, frijol, calabaza, chile, jitomate, chía y amaranto se recolectaban junto al trigo, cebada, caña de azúcar, árboles frutales y legumbres. El rendimiento de las cosechas se daba gracias al sistema de regadío que ya funcionaba en la región desde antes de la llegada de los extranjeros y se aprovecharon durante la colonia. La minería también fue una de las razones principales por la que los españoles se asentaron en la región matlatzinca, en ella encontraron vetas de oro y plata, en el pueblo de Temascaltepec, y se convirtió en motivo suficiente, hasta considerarse una de las zonas más importantes de producción minera en la Nueva España. Poco tiempo después, las epidemias comenzaron a mermar la población drásticamente, en 1565, cuando se calcula que los hablantes de la lengua matlatzinca rondaban los 180,000, en el área del actual Estado de México y parte de Michoacán.

En la actualidad, esta lengua de tanta importancia en otra época, está desapareciendo debido a su poco uso, cada vez son menos las personas que la hablan, la mayoría de este grupo étnico es bilingüe y se decanta por el idioma español. Sólo se da entre la gente mayor y algunos niños pequeños. La lengua matlatzinca se enmarca dentro de la rama otomangue, otomipame, en la que hay cuatro familias: pame, jonaz, matlatzinca y otomazahua. A su vez, la familia matlatzinca se divide en dos lenguas: la matlatzinca y la ocuilteca.

Las viviendas que habitan tienen por lo general una sola habitación, que se utiliza de dormitorio y cocina. Todas las casas cuentan con huertos, donde se cultivan árboles frutales, verduras y flores, además de contar con corrales para la cría de animales domésticos.
La mayoría de los matlatzincas se dedican a la agricultura, al cultivo del maíz y el frijol como productos principales que se dedican al autoconsumo, y para la venta la patata, el chicharro, avena, trigo, caña de azúcar y diversas frutas. La mayoría son propietarios de pequeñas parcelas y sólo el 0.7% no tiene parcela y trabaja como jornalero. Existen unos terrenos que son de propiedad comunal, en las laderas y cercanos al centro de población. Son tierras de temporal que pueden ser consesionadas a quienes no disponen de parcela privada, su concesión es indefinida pero, por lo irregular, estos terrenos no son tan buenos como los de la franja fluvial y requiere mayor dificultad para trabajarlos.

La religión de los matlatzincas es predominantemente católica, y sólo una cuarta parte de la población profesa la protestante o adventista.